Un análisis publicado en The Journal of Nutrition con datos del UK Biobank encontró que las personas con niveles más altos de Omega-3 en sangre tuvieron significativamente menos antecedentes de depresión y ansiedad diagnosticados por un médico. Entre quienes además tomaban suplementos de aceite de pescado, el riesgo fue entre 9% y 20% más bajo, según el indicador. Es, hasta ahora, el estudio más grande que cruzó estos dos datos: niveles reales de Omega-3 en sangre y salud mental diagnosticada clínicamente, no autopercibida.
¿Cómo se hizo la investigación?
El equipo trabajó con dos grupos de datos del UK Biobank, uno de los biobancos más grandes del mundo. Por un lado, analizó los niveles de ácidos grasos Omega-3 en plasma de 258.354 personas. Por otro, revisó el uso reportado de suplementos de aceite de pescado en 468.145 personas. Una decisión metodológica importante: los antecedentes de depresión y ansiedad no se midieron con cuestionarios de autopercepción, sino con diagnósticos médicos registrados bajo códigos ICD-10, el sistema internacional de clasificación de enfermedades. Eso le da al hallazgo un respaldo más sólido que el de un estudio basado solo en lo que la persona recuerda o percibe sobre sí misma.
¿Qué encontraron?
En el grupo con los niveles más altos de Omega-3 en plasma, el riesgo de tener antecedentes de depresión fue entre 15% y 33% menor que en el grupo con los niveles más bajos, dependiendo de qué ácido graso específico se midiera. Para la ansiedad, la diferencia fue de entre 19% y 22% menos. Entre quienes tomaban suplementos de aceite de pescado, el riesgo de antecedentes de depresión y ansiedad fue entre 9% y 10% más bajo, y el riesgo de un diagnóstico reciente de ansiedad fue 20% más bajo.
El EPA, protagonista inesperado
Un dato que llamó la atención de los investigadores: la fracción de Omega-3 que no es DHA —compuesta principalmente por EPA— fue la que mostró la asociación más fuerte con estos resultados. Esto es coherente con lo que ya se sabe sobre el rol del EPA en la regulación de procesos inflamatorios, uno de los mecanismos que distintas líneas de investigación vienen señalando como posible punto de conexión entre la inflamación crónica y el estado de ánimo. Ya profundizamos en ese mecanismo en Omega-3 y la inflamación silenciosa: el problema que tu cuerpo tiene sin que lo sepas.
¿Esto significa que el Omega-3 trata la depresión o la ansiedad?
No. Este es un estudio observacional y transversal: muestra una asociación en un momento puntual, no una relación de causa y efecto. Los propios autores señalan que hace falta investigación adicional, idealmente con diseños que sigan a las personas en el tiempo, para confirmar si aumentar los niveles de Omega-3 efectivamente reduce el riesgo, o si las personas con mejor estado de ánimo simplemente tienden a cuidar más su alimentación y su salud en general. Lo que sí aporta este trabajo es una pieza más, y de gran escala, dentro de un cuerpo de investigación que viene señalando la misma dirección: el cerebro también depende de lo que el cuerpo recibe a diario. Sobre ese vínculo entre el Omega-3 y la función cerebral con el paso de los años, ya escribimos en DHA en adultos: lo que le pasa a tu cerebro después de los 35 y cómo el Omega-3 puede ayudar.
Por qué este hallazgo importa, más allá del tamaño de la muestra
Los estudios sobre Omega-3 y salud mental no son nuevos, pero la mayoría trabajó con muestras mucho más chicas o con mediciones indirectas. Acá el tamaño combinado de ambos análisis —más de 700.000 personas en total— y el uso de diagnósticos clínicos en lugar de cuestionarios le dan a este hallazgo un peso distinto dentro de la literatura científica. No cambia las recomendaciones de uso del Omega-3 ni lo convierte en un tratamiento para la salud mental, pero sí refuerza por qué mantener niveles adecuados, de forma sostenida, es parte de lo que hoy se entiende como cuidado integral del organismo, y no solo del corazón. En eso profundizamos en El cerebro no avisa cuando empieza a necesitar ayuda.
La conclusión que importa
Ningún estudio aislado alcanza para afirmar que el Omega-3 previene la depresión o la ansiedad, y este no es la excepción. Pero sí suma, con una muestra enorme y un método más riguroso que el habitual, a la idea de que el estado de ánimo no está desconectado del resto del cuerpo. La constancia en la suplementación diaria —no una dosis puntual— es lo que permite sostener niveles adecuados de EPA y DHA en el organismo a lo largo del tiempo.
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Fuentes
- "Associations of Plasma Omega-3 Fatty Acid Levels and Reported Fish Oil Supplement Use with Depression and Anxiety: A Cross-Sectional Analysis from the United Kingdom Biobank", The Journal of Nutrition (2025). https://jn.nutrition.org/article/S0022-3166(25)00680-7/fulltext
- UK Biobank — Publicaciones. https://www.ukbiobank.ac.uk/publications/associations-of-plasma-omega-3-fatty-acid-levels-and-reported-fish-oil-supplement-use-with-depression-and-anxiety-a-cross-sectional-analysis-from-the-united-kingdom-biobank/
- PubMed. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41176281/
Preguntas frecuentes
¿El Omega-3 cura o trata la depresión y la ansiedad? No. El estudio muestra una asociación, no una relación de causa y efecto, y no reemplaza ningún tratamiento indicado por un profesional de la salud mental.
¿Cuántas personas participaron en el estudio? Combinando ambos análisis, más de 700.000: 258.354 con datos de Omega-3 en plasma y 468.145 con datos de uso de suplementos de aceite de pescado.
¿Qué diferencia a este estudio de otros sobre Omega-3 y salud mental? Usó diagnósticos médicos con códigos ICD-10 en lugar de cuestionarios de autopercepción, y trabajó con una muestra mucho más grande que la mayoría de los estudios previos.
¿Qué componente del Omega-3 mostró la asociación más fuerte? El EPA, la fracción del Omega-3 que no es DHA.
¿Debería dejar mi tratamiento para la ansiedad o la depresión y tomar Omega-3 en su lugar? No. Este hallazgo no reemplaza ningún tratamiento indicado por un profesional de la salud mental.



